jueves, 2 de febrero de 2012

A la conquista de ¿la Luna o Marte? Parte I.

Por Ricardo López Göttig

En una de las habituales tertulias en la casa del filósofo Carlos Cantor, el ilustre mecenas del intrépido matemático Esteban D'Angouville y amigo personal del palindromista Camilo Chadwick -dos genios de las ciencias y las artes-, se debatió la probable ocupación de la Luna para construir un complejo de galpones en los que guardarían los célebres "cuadernos del último número".
Era una tarde de otoño del año 2012, tan lluviosa como aquella en la que Carlos Cantor se decidió a emprender su nueva vida delictiva.
En torno a un samovar, los tres amigos se zambulleron en un océano de conjeturas y exploraron, sin pruritos, la idea de tomar posesión del satélite natural de la Tierra.
El té, la infusión de los pueblos conquistadores, los animó a desarrollar un vasto plan para el que congregarían a todos sus colegas y amigos más talentosos. El pequeño cónclave fundacional resolvió que, en una semana, reunirían lo que habría de llamarse el Consejo para la Ocupación de la Luna. Resultaba claro que, si bien la idea había comenzado buscando un lugar que fuese apto para albergar los cuadernos del último número, también podía convertirse en un sitio para llevar adelante las ambiciones científicas y estéticas de cada uno de los potenciales participantes. La audaz empresa era, también, extremadamente onerosa para los exiguos presupuestos de estos amantes de la aventura espacial.
Durante esa hebdómada febril, los tres amigos se pusieron en contacto con las mentes más lúcidas que los rodeaban. Así fue como la siguiente tertulia se vio poblada por los hombres y mujeres más preclaros, dispuestos a poner sus neuronas y energías en pos de la conquista lunar.
Carlos Cantor, el emocionado anfitrión, agradeció a los concurrentes la presencia entusiasta e hizo votos para que en esa jornada diera inicio el salto más gigantesco de la humanidad desde el dominio del fuego.
El ensueño prometeico se apoderó de los contertulios, enardecidos por el delicioso sabor del té cingalés y por el sueño de ser tripulantes de cohetes espaciales.
El filósofo propuso, para ordenar los trabajos, la formación de varias comisiones de estudio. Unas, dedicadas al periplo; otras, de estudios previos sobre el satélite; y finalmente algunas -no menos importantes, pero sí menos urgentes- abocadas a elaborar los programas de carácter político, ambiental, económico y de desarrollo urbanístico de la Luna.
Oseas Ardosquín, el bardo del éter y antiguo relator deportivo, hombre de barrio y de visión práctica, propuso que un grupo de juristas y diplomáticos hiciera un documento que les permitiera fundamentar sus derechos inalienables a ocupar la Luna, lo que fue aprobado por aclamación.
Verónica Čtvrtek se atrevió a explorar más allá y propuso, para alegría de los más osados y desconcierto de los prudentes, la conquista del planeta Marte.
"¿Por qué -preguntó con ardor inquietante- quedarnos en un mero satélite, desolado y dependiente de la Tierra, cuando podemos alcanzar las alturas de Marte? En Marte hay atmósfera, hay vientos, hay un planeta y, quizás, hasta encontremos ciudades, canales y marcianos. Quien ocupe Marte, tendrá la llave al resto del sistema solar", dijo Verónica Čtvrtek.
A Carlos Cantor lo sedujo la idea, aunque se apartaba del plan original -modesto a estas alturas del debate- de crear depósitos para los cuadernos de Esteban D'Angouville en un satélite sin atmósfera. El matemático arremetió con fiereza en defensa de la alternativa selenita y, para ello, adujo las dificultades financieras de lo que llamó el "dislate marciano".
Oseas Ardosquín, amante del fair play, puso reparos en conquistar un planeta poblado, por lo que exigió garantías de que este se hallara desierto antes de emprender el viaje.
El anfitrión procuró hallar la calma en aquella tormenta cósmica y propuso, en consecuencia, que cada comisión de estudio elaborara dos programas: la Luna y Marte, para arribar a una conclusión desprovistos de pasión y llenos de certezas científicas.

© Ricardo López Göttig

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